Te sacaremos los fiu fiús

PUNTO G

Como a los hombres, a algunas chicas no “se les para”.

-“¡Creo que soy impotente!” Me dijo Alicia mientras desgarraba nerviosamente la servilleta que el meserito guapo del  bar acababa de darle.

-” Tranquila”  le dije, -” creo que estás un tanto confundida, la impotencia es masculina, tú no tienes pene, así es que sí ya no se te levanta no es algo de lo que debas preocuparte” (si , ya sé,  las amigas a veces podemos ser un poco sarcásticas por no decir bitches). El caso es que después de que hablamos un rato, entendí a lo que se refería y la verdad es que creo que yo hace tiempo también fui  impotente.

“Impotencia: Incapacidad en el hombre para realizar el coito.” Def.2f. Diccionario de la lengua española. 2005.

WordReference.com. 22 Octubre 2014.

Dentro de los muchos escrititos dónde se habla de esto, se mencionan bastantes motivos por los cuales esto sucede, entre ellos, se habla de cuestiones físicas y psicológicas.

Entre las causas psicológicas que originan que un hombre que siempre le funcionó sin ningún problema en la cama, de pronto no pueda mantenerlo arriba (sin importar si tiene enfrente a la mujer /hombre más hot del planeta) se habla de la ansiedad, la depresión, el insomnio y el trauma, todas esas emociones por las que Alicia había atravesado a causa de su más reciente fracaso amoroso.

Ella igual que yo y muchas chicas, había sobrevivido al trauma del “corazón roto” y a raíz de esto llevaba meses con la sintomatología, que no te hagas, seguro también conoces (sudores nocturnos, taquicardia, llanto repentino, alimentación nula o excesiva, tendencia a ver y escuchar cosas dolorosas, miedo de morir solo,etc.) y finalmente, lo que en un momento yo también padecí, una impotencia que puedo explicarte como un  periodo largo  sin poder tener sexo con otro ser humano y puedo decirte que ni lo suyo ni lo mío, tenía nada que ver con una cuestión de frigidez.

“Frigidez: Falta de deseo sexual.” Def.1f.Diccionario de la lengua española.2005.

Wordreference.com.22 Octubre 2014.

No era frigidez, porque el calor estaba ahí como siempre, la humedad entre las piernas, el deseo, la saliva acumulándose bajo la lengua, todo eso seguía existiendo pero lo que sucede con esta impotencia es que ya teniendo al güey enfrente, se nos hace chiquita,  si, así; chiquita, se esconde, se va, nos abandona y por más que vayamos al baño a platicarle y tratar de convencerla de que estamos listas para regresar al ruedo, nuestra bellísima y bien recortadita vagina dice nel.

Nel, a que por tu calentura volvamos a terminar ensabanadas con el güey ese que siempre te la aplica, nel a que terminemos con babas de otro tipo, ese, que ni te gusta solo porque no quieres dormir sola. Ni madres, a volver a abrirnos ante algo que al final solo te hace sentir vacía, y aquí lo que descubrimos Alicia y yo entre chelas y mezcales, es que la impotencia a veces, esta también íntimamente ligada al amor, al menos en ella y en mi así fue, yo no podía después de haber tenido sexo de todo tipo con un hombre al que había amado como idiota, prenderme y cederme con un tipo que no me latía realmente, porque como diría un buen amigo, “No hacía que me cambiara el pulso”.

Y claro, uno crece sabiendo que el sexo y el amor son cosas bien separadas, que no van junto con pegado y por supuesto que hubo un tiempo en el que podía coger sin problemas con alguien que solo me gustaba y a veces ni eso, simplemente alguien que estaba ahí accesible y que medio me prendía pero hubo en un momento, un quiebre y la siguiente vez que quise estar con alguien nuevo, a mitad de unos cuantos incomodos besos, tuve que disculparme y explicarle a él  (al que realmente le valían madre mis traumas), que yo,  estaba en un proceso.

Así, semejante al miedo de un hombre, de no durar lo suficiente o no tenerla del tamaño requerido, apareció mi terror, mi angustia de no volver a enamorarme, de que mi conchita, mi flor, mi panochita amada, no quisiera nunca salir de su escondite y volver a entregarse a eso en lo que somos, sin afán de presumir, todas unas leonas.

Entonces viene el entender que las chicas al menos alguna vez,  podemos ser impotentes y nuestro Víagra, quizás, no podamos encontrarlo en ninguna farmacia, tal vez sea solo cuestión de tiempo y de pronto nos veamos de nuevo dándonos el atasque de nuestra vida con alguien y  que ese alguien nos ayude a darnos cuenta de que seguimos vivas y que seguimos siendo unas calientes de lo peor.

Todo pasa y en efecto, el tiempo ayuda mucho en lo que se refiere a cerrar heridas, para mi así fue y Alicia ahora no me llama nunca porque se la pasa ensabanada con su nuevo amante.

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